Te duele...
¡Cuánto te duele tu pobre y maltrecho cuerpo...!
... o tal vez es tu mente la que sufre...
Sé que, en ocasiones, quisieras gritar
en un grito mudo que alcanzase al cielo..
en un silencio atronador
capaz de despertar los muertos...
Tú ahí... tan dolorido/dolorida...
sufriendo...
la incomprensión de los que no sienten
lo que tú sientes ahora...
que ni alcanzan a atisbar el grado de tu sufrimiento...
¡Qué soledad...!
Te duele... pero tiene sentido tu sufrimiento...
Abrázalo con amor porque es tu invitado...
está en ti para enseñarte...
Vino para que comprendas tu error
al poner en tus impulsos, motivaciones y ansias vitales
una mordaza...
así tu niño/tu niña... se ha estado asfixiando...
Te duele para que la criatura hermosa que llevas
en lo más íntimo y genuino, que posees,
no sucumba...
para que no muera tu niño/tu niña interior...
ese ser auténtico y delicioso,
repleto de espontaneidad, ternura y proyectos ilusionantes…
que no entiende de reproches,
ni por qué lo natural y divertido debe acallarse.
No sabe de qué es bueno o malo, bondad o maldad, apropiado o
inapropiado...
sólo percibe sus necesidades:
necesidad de ternura,
necesidad de libertad de movimiento...
de juego... de risas...
de que le abracen y protejan cuando el llanto apremia...
Tú no lo sabías...
tú no podías saber que, en el transcurso de los años,
tapabas su boquita y se iba asfixiando...
Hiciste lo que creíste mejor.
Quizás callaste oprobios
cuando debiste contestar...
Tal vez, no supiste defender tus derechos
de forma correcta y contundente...
los derechos de ese niñito/esa niñita...
O quizás buscaste modos de no escuchar tu interior
porque tenías miedo a su llamada...
te llamaban desde dentro, aún te llaman,
te gritan con el dolor de tu maltrecho y sufriente cuerpo...
con la angustia y el pánico que ahora te ahogan...
Así te avisan desde lo más escondido de tu ser
que debes aprender a rectificar tu error...
Por eso... abraza tus dolencias con amor, pues son tu guía,
son las señales que, por dolorosas, te hacen aprender...
Y no estás sólo/no estás sola...
Piensa en la Divinidad, Consciencia Universal,
en la fuente sagrada de la que tú eres una preciosa gota
plena
de las cualidades de tu origen...
Ten presente en tu mente a al Ser supremo
de cuanto todo y todos emanamos...
Desde esa unión de corazón...
te dices a ti mismo/a ti misma:
Lo siento, siento
no haber escuchado antes tus ruegos y no haberlos satisfecho...
Perdóname por no
haber cuidado de ti como merecías... como mereces...
Te amo porque
eres quien yo soy, y te acepto exactamente como eres, sin condiciones...
Gracias por estar
conmigo, acompañándome todos estos años...


